Acabo de terminar de leer un maravilloso libro que me regalaron hace una semana. Las Cartas que Deje Olvidadas Debajo del Fregadero, de Nathaniel Percival Levine. Editorial Sopa de Letras, 1983, Barcelona. Es facil perderse en el laberinto de intrigas, pasiones inconcebibles y remembranzas de un pasado lleno de alegrias y promesas rotas que el autor nos regala en cada capitulo. Lucas, que asi se llama el personaje central de esta deliciosa obra es un catapultero desempleado en la postguerra de un pais semi-imaginario de Europa Central. La magia coquetea con elegancia sutil entre el oficio de este noble hombre y la gorra de ferroviario que heredo de su abuelo Rommenik.
Ya en los primeros capitulos Lucas se enamora de Francesca Polonia. Esta le escuchaba con profunda emocion las larguisimas historias sobre las no menos largas lineas de ferrocarril que su abuelo recorrio en toda su vida.
Pero Francesca se va un dia detras de un joven soldado Albanes y nuestro querido lucas se queda solo. Su sufrimiento era tal que apenas comia. Fue entonces cuando comenzo a crear esas pequeñisimas, maravillosas catapultas talladas en fina madera. Eran diminutas obras de arte que ademas de ser bellas tenian completa funcionalidad. Nuestro querido Lucas pasba las noches tallando sus obras y los dias usandolas: se sentaba en una vieja poltrona que olia a pescado y a sabe Dios cuantas cosas mas y comenzaba a disparar pequenas bolitas de papel contra la ventana. Toc… toc… toc…. toc. Siempre lo mismo, cada dia, cada noche, durante 10 años.
Fue en el onceavo año que comenzaron a llegar las cartas.
No creo conveniente seguir contando. Si se animan a leer el libro sabran todo lo que pasa despues.
nooooooooooooooooooooooo, estaba metidisima en la historia, no se valeee
nooo!